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domingo, 6 de agosto de 2017

COFITA TEMPLARIA

Cofita es un pequeño pueblo situado no demasiado lejos de Monzón. El lugar destaca por una placidez extraña, parada en el tiempo. Apenas nadie por las calles, tan sólo los detalles que la piedra hace perdurar.


La iglesia es, dicen, templaria, dedicada a María Magdalena. El interior es sórdido, abandonado, aunque bajo la custodia de la vecina que es a su vez propietaria de la bodega. Nos habla del desinterés por parte de la administración: tan sólo actuaron hace un tiempo, cuando el cuerpo entero del edificio se inclinaba peligrosamente hacia la plaza, amenazando en su derrumbe con desgracias personales. Se apuntaló la iglesia. Pero ahora se rompe el techo: nadie responde, y el agua empieza a filtrarse. Peligro.



Algunas inquietantes pinturas apenas visibles en la puerta principal, hoy descolgada y apoyada sobre uno de los muros interiores, sugieren el perfil de un rey de copas al modo del de la baraja española; el rey del Grial, dicen algunos.

En el exterior, expuestos a las inclemencias meteorológicas, unos extraños grabados que representan caballeros con yelmo en curiosas actitudes aún permanecen, desde no se sabe cuánto tiempo. Proponían algunos que estos grafitti fueran protegidos por placas de metacrilato, pero la sugerencia cayó en saco roto. La piedra arenisca se va deshaciendo, y algunas lascas amenazan con desprenderse. Así que dejamos constancia aquí de la presencia de los caballeros, uno sosteniendo una copa (muchos ven un Grial) y otro a caballo. Más arriba hay otro grabado, pero tan desgastado ya que apenas se intuye. 


Que quede aquí reflejada su memoria.

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